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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Hay quienes tienen grandes dificultades para relacionarse con Dios. Les cuesta. Y les cuesta grandemente, porque fueron privados de un buen padre terrenal. De ahí la importancia que, nosotros los padres, proyectemos hacia nuestros hijos una imagen que les permita llegar a conocer oportunamente a Dios. No todos los padres somos el tipo apropiado, porque un buen padre es una combinación feliz de fortaleza y de ternura.

Es muy importante que tengamos en una mano el rigor y en la otra el amor, para que así podamos lograr una combinación perfecta que ilustre a nuestros hijos la verdadera relación que debe tener el hombre con Dios. La clase inapropiada de un padre puede lesionar el bienestar emocional y espiritual de su hijo. Hoy vamos a llevarlos a ustedes a un entendimiento, a una valorización profunda del Padre Celestial.

Dios fue revelado por Jesús al hombre. La razón por la que vino a la tierra fue porque fue la única manera que se podía ilustrar quién es Dios. Por eso en Juan 14: 8 leemos: -Señor –dijo Felipe-, muéstranos al Padre y con eso nos basta. -¡Pero, Felipe! ¿Tanto tiempo llevo ya entre ustedes, y todavía no me conoces? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo puedes decirme: “Muéstranos al Padre? ¿Acaso no crees que yo estoy en el Padre, y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les comunico, no las hablo como cosa mía, sino que es el Padre, que está en mí, el que realiza sus obras. Créanme cuando les digo que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí; o al menos créanme por las obras mismas.

Es importante entender que Jesús vino a mostrarnos al Padre. Por eso cuando conocemos a Jesús, podemos tener una imagen de lo que es el Padre nuestro que está en los cielos. En los Evangelios se habla de Dios como Padre más de ciento cincuenta veces. Por ejemplo, Jesús dijo en Juan 10:30 El padre y yo somos uno. Este nombre fue dicho y registrado en la primera declaración de Jesús cuando era niño y se perdió de sus padres y por tres días no lo encontraban. En Lucas 2:49 Jesús dice:-¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que tengo que estar en la casa de mi Padre? Qué declaración tan importante.

Ojalá todos nuestros hijos pensaran así. Ojalá que todos nosotros pensáramos así: Nos conviene estar en la casa de nuestro padre. Este nombre fue mencionado no sólo cuando Jesús era niño, muchas veces en su juventud y en su ministerio. Cuando Jesús estaba en la cruz del Calvario, cuando estaba siendo crucificado, cuando se encontró solo, abandonado por sus más cercanos discípulos, pronuncia su último clamor de muerte lo que cita Lucas 23:46: Entonces Jesús exclamó con fueraza: -¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu! Y al decir esto, expiró.

Para Jesús la relación con su Padre Celestial fue vital, fue esencial, fue clave. Por eso es que lo menciona desde niño hasta la cruz. Hoy nosotros recordamos que aunque el pueblo tiene diferentes conceptos de Dios y sus seguidores lo han tenido, desde el Antiguo Testamento, el concepto que había de Dios en Israel era de un pastor con sus ovejas, una figura muy linda, a todos nos gusta ver las ovejitas y nos gusta ver a un pastor con las ovejitas. Es una figura de Dios, un pastor con sus ovejas. La otra figura de Dios es un alfarero con el barro. El alfarero es el que hace del barro platos, copas, ollas y floreros y muchas cosas. Eso muestra una faceta de lo que es Dios nuestro formador, nuestro creador, pero también habla de un rey y sus súbditos, de un juez y los transgresores de la ley.

Dios nos lleva por nuestro camino amorosamente, para que podamos tener vida abundante y ahora. Jesús enseñó a sus discípulos y a todos los creyentes a pensar en Dios como un Padre Celestial. Ahora me llama la atención que aunque Jesús presenta a Dios como padre, reconoce que Dios no es padre de todos los seres humanos, porque en Juan 8:44 dijo: Ustedes son de su padre, el diablo, cuyos deseos quieren cumplir. Yo le pregunto a usted ¿quién es su papá, el diablo o Dios el creador de los cielos y de la tierra? Todos tenemos un padre, físicamente hablando, y todos tenemos un padre espiritualmente hablando y éste puede ser Dios o el diablo. Por eso es que todo el mensaje de Cristo va orientado a que a través del Evangelio el ser humano reconozca a Dios como su Padre Celestial.

Todo padre responsable vela por las necesidades de sus hijos con propósitos de amor y compasión, todo padre debe proveer. Cuando usted no provee para los suyos y para los de su casa, cuando usted no es el padre que suple lo que le falta a sus hijos, usted ha negado la fe, es peor que un incrédulo. Es importante que aprendamos a proveer para nuestros hijos. Dice en Mateo 7: 11, una gran verdad. Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el cielo dará cosas buenas a los que le pidan! ¿Usted, cómo padre, da a sus hijos lo malo? Por lo general los padres siempre procuramos para nuestros hijos lo bueno, lo mejor. Pero no solamente eso, todo padre terrenal no sólo debe ocuparse de la provisión material de sus hijos, sino también de la corrección. ¿Sabe qué dice la Biblia en Proverbios 29:15? El hijo malcriado avergüenza  a la madre”.

Por lo general, las madres son más consentidoras. El problema, hoy en día, es que muchos padres por su tiempo en el trabajo, delegan la corrección a sus esposas,  algunas lo hacen muy bien, a otras les cuesta. Pero es importante que sea un trabajo en conjunto, en equipo, que el esposo y la esposa disciplinen a sus hijos. La disciplina no es fácil, pero es necesaria.

A veces creemos que Dios no disciplina a sus hijos, pero estamos equivocados. Dios es padre y como padre disciplina a sus hijos, por eso en el libro de Hebreos 12:5 -12 dice: Y ya han olvidado por completo las palabras de aliento que como a hijos se les dirige: «Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor  ni te desanimes cuando te reprenda,  porque el Señor disciplina a los que ama,  y azota a todo el que recibe como hijo.» Lo que soportan es para su disciplina, pues Dios los está tratando como a hijos. ¿Qué hijo hay a quien el padre no disciplina? Si a ustedes se les deja sin la disciplina que todos reciben, entonces son bastardos y no hijos legítimos. Después de todo, aunque nuestros padres humanos nos disciplinaban, los respetábamos. ¿No hemos de someternos, con mayor razón, al Padre de los espíritus, para que vivamos? En efecto, nuestros padres nos disciplinaban por un breve tiempo, como mejor les parecía; pero Dios lo hace para nuestro bien, a fin de que participemos de su santidad. Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella. Por tanto, renueven las fuerzas de sus manos cansadas y de sus rodillas debilitadas.

Sí, Dios es amor, pero también es disciplina. Y por eso es que a sus hijos les permite circunstancias difíciles a veces, y cuando estamos en medio de esas circunstancias difíciles, no debemos preguntarnos  ¿por qué Señor? ¿Por qué me está pasando esto a mí? ¿Por qué Señor si yo soy servidor de la iglesia? ¿Por qué Señor si yo soy líder de una célula?  ¿Por qué Señor si yo soy predicador del Evangelio? La pregunta no es ¿por qué Señor? La pregunta que debemos hacernos es ¿para qué Señor? ¿Para qué me está pasando esto? ¿Cuál es el propósito? ¿Qué es lo que tengo que aprender? ¿Para qué me pasó esto que perdí todo mis ahorros? ¿Para qué me pasó esto, qué es lo que tú me quieres enseñar?

Posiblemente nos tenga qué enseñar. Tuviste dinero para guardar pero no para diezmar, tuviste dinero para acumular, pero no para ayudar a un familiar necesitado. Tuviste dinero para acumular pero lo hiciste por avaricia, por codicia. No es malo ser rico, no es malo tener inversiones, no es malo ahorrar, pero a veces lo hacemos a costa de sacrificar el bienestar de nuestra familia. A veces nuestra familia ni come bien, ni se viste bien, ni vive bien con tal de hacer una fortuna.

Es importante analizar el para qué, ¿para que me pasó esto? Porque el Señor nos disciplina. Pero en medio de su disciplina expresa su amor. Una verdad que yo aprendí a la hora de disciplinar a mis hijos. Les daba uno o dos cinchazos, pero les llegaban hasta el alma. ¿Saben cuál era el procedimiento que apliqué para corregir y disciplinarlos? Hacerles ver claramente el error que se había cometido, platicaba con ellos, me aseguraba que me vieran a los ojos, que me entendieran y que se aseguraran de que yo no estaba enojado, sino que estaba disgustado, incómodo, preocupado, pero no enojado.

Por ejemplo: en uno de los casos que recuerdo, porque fue dramático, fue cuando uno de mis hijos llegó a casa con unos lapiceros y crayones, sacapuntas y no sé qué cosas. Le pregunté la procedencia, fuimos a pedir perdón al supermercado y de regreso le dije que por robar se podía ir preso. En la casa le dije vamos a orar, vamos a pedir a Dios que lo perdone por ese pecado. Nos arrodillamos, oramos, pedimos perdón al Señor, luego le dije, ahora siga usted de rodillas, yo me voy a levantar para que no se le olvide lo que hemos hecho hoy, le di un par de esos cinchazos que sacan el ¡ay, ay! de lo más profundo. Después de aplicarle la disciplina en el proceso que les cuento, lo agarré, lo abracé, me  senté con él, casi lloramos juntos. Yo le dije: -hijo, yo lo amo mucho, con todo mi corazón, quiero que se convierta en un hombre de bien.

Un padre ideal es aquel que combina su fortaleza con su bondad,  su rigor con su amor. Y ese es Dios, Dios es amor, pero hay de aquel que cae en las manos del Dios vivo, es terrible cosa caer en las manos del Dios vivo, porque Dios es todo amor y todo bondad, pero también es justo. El Salmo 116:5 dice: El Señor es compasivo y justo; nuestro Dios es todo ternura. Me impresiona el Salmo 103: 13-14 que dice: Tan compasivo es el Señor con los que le temen  como lo es un padre con sus hijos. Él conoce nuestra condición; sabe que somos de barro. Se requiere de mucha madurez llegar a comprender las limitaciones de nuestros hijos, tenemos que llegar a entender como Dios comprende que nosotros somos de barro y como somos de barro somos frágiles, nos quebramos, caemos en un pecado, a veces caemos en un delito. ¿Y qué hace el Señor? ¿Nos manda rayos y centellas para matarnos?

El ejemplo clásico en el Evangelio es el de la parábola del Hijo Pródigo, que bien debería llamarse la parábola del Padre amante.

Así que ya no diga más de ahora en adelante: Es que mi padre fue indiferente, mi padre fue un vicioso, mi padre fue un irresponsable, me abandonó mi padre, yo no tuve padre. Olvídese ya de ese padre, quizá hasta murió, pero la Biblia dice que Dios hace habitar en familia a los desamparados. Dios es padre de huérfanos y es defensor de viudas, y Dios está aquí esperándonos con los brazos abiertos, como aquel padre amante que esperaba el retorno de su hijo. Por eso tenemos que acercarnos a Él con todo nuestro corazón y recibirle como nuestro Señor.

Escuche

La fe viene por el oir…