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Lea

La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Yo tengo una palabra para todos los hombres, especialmente para los padres: tú sigues siendo la influencia más poderosa sobre la vida de tus hijos. Por supuesto, que no estoy hablando de la mamá ¿por qué? Porque la mamá siempre ha estado ahí, la madre siempre ha estado en América Latina, la figura ausente ha sido el padre. Hay madres ausentes, si, pero en este caos, en esta violencia y al crecimiento de las pandillas, por lo general el dedo se le puede apuntar a la falta de padres en el hogar. La familia sigue siendo la sociedad, sigue siendo el fundamento de esta sociedad.

Hoy la familia está enfrentando un reto tremendo, ¿cuál es? Enfrentamos un reto no sólo generacional sino estamos enfrentando un reto cultural entre nosotros y nuestros hijos. Hace 20 años solamente había una diferencia entre papá e hijo. Solamente había diferencia de edad, papá tiene tantos años y su hijo tiene tantos, solamente había una diferencia generacional. Empero hoy tenemos la diferencia cultural entre nosotros y nuestros hijos. Necesitamos hablar del mismo idioma a nuestros hijos, pero ellos están entendiendo las palabras en forma diferente. Le voy a poner un ejemplo, entré a la universidad donde doy clases y había un muchacho viendo pornografía en la computadora del centro educativo, no es cristiano, pero de todos modos la universidad y la computadora deben usarse para bien del estudiante y no para arruinarle la vida al estudiante.

Me acerqué al muchacho, que estaba viendo mujeres desnudas en la computadora. ¿Tú sabías que eso puede destruir tu vida? –Le dije- Me vio de pies a cabeza. “Tú quien diablos te crees –me respondió-, yo vivo en un país libre, yo puedo hacer lo que quiera, cuando quiera y como quiera”. ¿Cómo se llama eso? Eso no es libertad, hacer lo que yo quiera, cuando quiera y como quiera. No es libertad, eso es caos, destrucción, libertinaje. Cuando usted le dice “hijo esa música no te conviene” y le contesta: pero yo vivo en un país libre. Porque su hijo cree que libertad es hacer lo que quiera, como quiera, cuando quiera y como quiera. Imagínese, si nosotros nos paramos en el púlpito y les decimos a nuestras congregaciones que están siendo influencias por el posmodernismo, les decimos Cristo quiere que seas libre. Y la nueva generación lo entiende que es hacer lo que quiere, cuando quiera y como quiera y con quiera.

Con razón no hay diferencia entre los cristianos y la gente del mundo. ¿Les estamos hablando del mismo idioma a nuestros hijos? Con razón usted le dice a su hija de 18 años, “Hija no te vayas a vivir con tu novio”. Ella entiende el amor diferente a cómo usted lo entendía, le doy un ejemplo. Iba en una calle de una ciudad importante de América Latina y vi un rótulo que decía “se alquilan anillos de matrimonio”. Regresé, entré a la tienda y le pedí al dueño de la tienda el librito con que casan los pastores y sacerdotes, es un librito que contiene todas las ceremonias, y busqué matrimonios y busque los últimos votos. Cuando usted y yo nos casamos ¿cuál fue el último voto? Hasta que la muerte nos separe. Hace muchos años, el matrimonio era la decisión de proveer y proteger, no era un sentimiento, pero la nueva edición del libro decía: “hasta que el amor se acabe”. ¿Me creerías si digo que los arrendamientos eran de un mes, tres meses y el máximo era de cinco años? Sí, la cultura posmodernista le está cambiando definición a los conceptos. Y nosotros como padres tenemos que despertarnos para darnos cuenta lo que la cultura está haciendo, va a destruir a nuestros hijos, ni no nos despertamos. Porque si tú no defiendes a tus hijos ni a tu familia, yo te garantizo que el gobierno no lo va a hacer ni la religión establecida tampoco lo va a hacer, si tú y yo no luchamos por el beneficio de nuestros hijos, nadie los va a proteger. Voy a decir por qué esto no está funcionando si seguimos educando a nuestros hijos como nos educaron a nosotros. Hace 20 años lo que yo les enseñaba a los jóvenes desde el púlpito lo apoyaba la familia, la sociedad, los amigos, la música, el lugar de estudios. En otras palabras, desde el púlpito les decía a los jóvenes no tengan relaciones sexuales antes del matrimonio, ellos salían y luego se iban a la escuela y en la escuela les decía no tengan relaciones sexuales antes del matrimonio, la música les decía no tengan relaciones sexuales antes del matrimonio, todo alrededor les decían no tengan relaciones sexuales antes del matrimonio.

Hoy, lo que yo le enseño a los jóvenes, no lo apoya absolutamente nadie. En otras palabras, yo me paro desde el púlpito y le digo a los jóvenes que no tengan relaciones sexuales antes del matrimonio y en la escuela les están regalando condones de colores y de sabores. En otras palabras, hace 20 años funcionaba cuando mi papá me decía: “Siéntate, no mientas y le contestaba ¿por qué papi? Y respondía: porque yo digo. Está bien -contestaba yo-. Hoy tú le dices a tu hijo: no mientas y te contesta ¿por qué? y tú le dices: porque yo digo y él te pregunta ¿por qué dices eso?

Yo podía vivir en mi escuela con creencias, pero hoy tus hijos no van a sobrevivir en esta cultura. El primer profesor de filosofía que cree que la verdad es relativa se lo va a comer vivo, si no tiene convicciones. En otras palabras, si tu hijo no sabe por qué cree lo que cree, no va a poder sobrevivir en esta cultura. Voy a poner un ejemplo, yo no puedo ir con un hijo de 22 años y decirle: te creo porque yo tuve 22 años, porque los 22 años de un hijo son muy diferentes a los 22 años que yo tuve.

Hoy el 75 por ciento de cristianos toma decisiones por sentimientos, el 20 por ciento en creencias. Y solamente el cinco por ciento toma decisiones basadas en convicciones. Eso quiere decir que si nosotros vamos a la Palabra de Dios y vemos la definición de fe, que es, pues, la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve, entonces tendríamos que decir que solo el 5 por ciento de cristianos está siendo complaciente para con Dios, porque toma decisiones basadas en convicciones. La mayoría dice “Yo siento que Dios me está diciendo”. El 20 por ciento dice “Yo creo que Dios me está diciendo”, y sólo el 5 por ciento dice “Yo sé que Dios me está diciendo”.
La base para poder influenciar a tus hijos es la clase de relación que tienes con tus hijos. Ejemplo, la regla de oro dice: si tú tienes reglas en tu casa, pero tienes mala relación con tus hijos, lo que vas a lograr es rebeldía de parte de tus hijos. Pero el otro lado de la regla de oro dice que si tú tienes buenas relaciones con tus hijos y reglas en tu casa, tú lo que va a lograr es obediencia. Quiero compartir cuatro principios, pero antes pregunto ¿cuántos son buenos en la escuela? Por qué pregunto esto, porque si tu hijo no es bueno en la escuela hay esperanza. Mi hermano siempre sacaba cien. Llevaba la tarjeta de calificaciones con mi papá, cien, cien. Llegaba la de mi hermana cien, cien. Yo mejor me escondía, yo era cuarenta, treinta. Un día mi papá me llamó a la oficina y me sentó en sus rodillas. Mira las tarjetas de tus hermanos -me dijo-, siempre cien. Pero saques cien o saques cero, tu papá no te ama porque saques buenas notas, tu papá te ama porque eres mi hijo.

Primer principio. Le tenemos que mostrar amor incondicional a nuestros hijos. En otras palabras yo no amo a mis hijos porque se portan bien, yo no amo a mi hija porque no queda embarazada, yo no amo a mi hijo porque saca buenas notas, yo amo a mi hijo, porque es mi hijo. Cuando yo me acerqué a la cruz y llevé mi tarjeta de calificaciones yo no llevaba cien, pero cuántos de nosotros padres empujamos a nuestros hijos a sacar cien todo el tiempo y así condicionamos nuestro amor para con ellos. ¿Quién, hoy en la mañana llegó delante de la cruz con su tarjeta de calificaciones y llevaba cien? Dios a mi me ama sin condiciones y cuando yo empiece a amar a mis hijos sin condiciones, entonces la verdad que yo les comunique va a ser resonancia en su mente y corazón.

Segundo principio. Hoy más que nunca nuestros hijos necesitan de un abrazo, necesitan que yo les diga que los amo, que les diga gracias por ser mi hijo, hoy más que nunca tu hija necesita que le digas que la amas, que le des un beso, porque si tú no le besas, no la abrazas, el de la esquina sí lo va a hacer. Estoy harto, estoy cansado de hablar con los machistas latinoamericanos que me dicen mi papá nunca me abrazó. Entonces ¿dónde está el poder del Espíritu Santo, por el que ahora haces cosas que antes no podías hacer? ¿Por qué ahora tú por el poder del Espíritu Santo no puedes acercarte a tu hija y decirle: te amo, gracias por ser mi hija?

Tercer principio. Hoy, más que nunca, nuestros hijos necesitan afirmación ¿cómo así? Hoy más que nunca nuestros hijos necesitan que yo los mire haciendo algo bueno y les aplauda lo bueno que están haciendo. Dios nos puso el ejemplo, vio a su hijo amado y dijo: “Este es mi hijo amado en quien tengo complacencia”. Dios afirmando a su hijo. ¿Sabes cuál es la queja número uno en América Latina? Mi papá sólo mira lo malo que yo hago y no mira lo bueno. Yo no conozco a tus hijos, pero te voy a decir por cada cosa mala que han hecho, hay cincuenta que hicieron bien. Y tu responsabilidad es identificar esas cincuentas y aplaudir por esas cincuenta. Gracias por recoger la comida, gracias por barrer. Nuestros hijos necesitan ser reafirmados, nuestros hijos hacen cosas malas, todos hacen cosas malas, pero ahora más que nunca tus hijos necesitan que tú los mires, gracias por recoger tu juguete, gracias por cerrar la puerta, gracias por ayudarme en la puerta, gracias por ayudar a tu mamá en la cocina. Porque si nosotros no hacemos eso, nuestros hijos van a seguir perdidos en esta cultura que los quiere destruir.

Cuarto principio, es uno de los más complicados. Estaba escribiendo la disertación que es el libro que uno tiene que defender delante de los profesores. Tenía 48 horas para entregar el capítulo. Fui con mi esposa y le dije: Mi amor no me vayan a interrumpir, estaba mi hijo que tenía 3 años, tengo que terminar este capítulo. Cerré la puerta de mi oficina y me senté a trabajar. Dos minutos después llega mi hijo y toca la puerta, yo sigo escribiendo en la computadora, volvió a tocar la puerta, yo sigo escribiendo. Entonces abrió la puerta. -¿Papi te puedo hacer una pregunta?- me dijo-. No hijo, ahora no porque estoy ocupado -le respondí-, lo saqué de la oficina prácticamente. Dos segundos después es mi esposa. Cerró todo, la computadora y me dijo: -Esto sólo te lo voy a decir una vez. Tú siempre va a tener un libro que escribir, tú siempre tendrás un programa de radio, un programa de televisión, una conferencia, un avión, siempre va a tener algo que hacer, pero no siempre va a tener un hijo de tres años que quiere hacerte una pregunta, así que ahora te levantas y vas hablar con tu hijo. Sólo me lo tuvo que decir una vez. Quería preguntarme si cenaría con ellos.

Si tú no juegas con tus hijos hoy, mañana ellos tampoco van a querer jugar el juego de la vida contigo. No van a querer sentarte contigo a la mesa de veras, si tú hoy no le lees una historia bíblica antes que se vayan a dormir, ellos tampoco mañana va a querer estar en tu lecho de muerte en una cama del hospital, antes que fallezcas, porque lo que siembras con tus hijos hoy, lo cosecharás mañana, porque nuestros hijos no deletrean amor, tus hijos deletrean tiempo.

Escuche

La fe viene por el oir…