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Lea

La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Dios no ha dado tanto y sobre todo cosas que no podemos comprar. El oxígeno que respiramos cada día es gratis, el sol que nos calienta e ilumina es gratis, el agua que llueve y riega nuestros sembradíos es gratis. Lo más importante que tenemos en la vida es gratis y, sin embargo, nosotros nos preocupamos por comprar un montón de cosas que, al final, nos causan  problemas. Cada vez que pasa la temporada navideña deja como resaca miles de deudores morosos, la falta de buena planificación de sus gastos es uno de los principales problemas que afecta a los consumidores guatemaltecos al endeudarse. Uno de los periódicos en su sección económica señala que el noventa por ciento de los guatemaltecos que tiene un empleo formal mantiene un algún tipo de deuda. “En enero todo el mundo estira el dinero”, reza un viejo refrán. Lo más importante en estas fechas post navideñas es que las personas tengan la conciencia de pagar a tiempo las deudas, para evitar caer en incumplimiento. Es necesario que las personas no abran más líneas de crédito. Usted no puede darse el lujo de ser un mal administrador, usted no puede darse el lujo de administrar mal lo que Dios le ha dado. Dios nos ha bendecido a todos ricamente, extraordinariamente. No obstante, a menudo hacemos las del  hijo pródigo: tomamos lo que Dios nos da, lo desperdiciamos, lo despilfarramos, lo malgastamos. A veces nosotros nos privamos de lo eternal por disfrutar de lo temporal. Administrar mal lo material es delicado, pero cuando administramos mal lo eternal, lo espiritual, entonces estamos condenados a pagar la deuda, no toda la vida sino toda la eternidad. A veces somos insensatos en nuestra administración. Por eso la insensatez, en cuanto a la administración, Jesús la representa en este aspecto: dice que la insensatez de valorar las cosas más que la vida, debemos evitarla. Y el ejemplo de esta insensatez lo encontramos nosotros en el evangelio según Lucas 12:13 en adelante. Jesús muy interesado  en nuestro bienestar temporal y eternal nos da esta enseñanza. Uno dentro de la multitud: -maestro, dile a mi hermano que comparta la herencia conmigo. –Hombre- replicó Jesús-, ¿quién me nombró a mi juez o árbitro entre ustedes? “! Tengan cuidad! -advirtió a la gente-. Absténganse de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes. ¿Qué es avaricia? Es el deseo inmoderado de acumular cosas materiales. Usted tiene suficiente, pero siempre quiere más. Y cuando viene a darse cuenta en su casa ya no caben tantas cosas, porque la avaricia lo ha llevado a acumular más de lo que realmente necesita. Y dice Jesús: “La vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes”. Usted puede tener diez camas, pero en cuántas va a dormir. A lo mejor en ninguna, porque la gente puede comprar camas, pero no puede comprar el sueño. En cambio hay otros que ni cama tienen y duermen a toda hora. Cuando nosotros nos damos cuenta de la importancia de administrar bien lo que Dios no da, no sólo lo material sino lo eternal, tenemos que llegar a comprender que la mala administración sale demasiado cara. La esclavitud a las cosas es un precio probable de la mala administración. El hombre no está para servir a las cosas, las cosas están para que le sirvan al hombre. ¿Su carro es para que le sirva a usted o usted para que le sirva al carro? ¿El perro es para que lo cuide a usted o usted para cuidar al perro? ¿La ropa es para que lo proteja a usted o usted para proteger la ropa? A veces invertimos las cosas y hacemos que aquella casa que Dios nos ha dado para que vivamos contentos, protegidos se convierta en nuestro amo y señor. A veces tenemos invertidos los valores de la vida. Hay que entender que la vida es más que la comida y que el cuerpo es más que el vestido y que las personas valen más que las cosas. Por eso no puede darse usted el lujo de ser un mal administrador, usted tiene personas alrededor suyo, a las que tiene que cuidar y amar. Por eso  es que un sentido del valor distorsionado es un precio de la mala administración. Debemos entender que valen más las personas que las cosas. Dios llamó al hombre en la parábola de Jesús un necio, porque valoraba las cosas materiales más que su relación con Dios. Porque ese es el otro extremo al que llegamos los seres humanos, amamos tantas las cosas, buscamos tantas las cosas y se nos olvida que todo lo que tenemos viene de Dios. ¿Acaso no es Dios quien nos da la vida? ¿Acaso no es Dios quien nos da la oportunidad? ¿Acaso no es Dios quien nos da la inteligencia, los recursos y todo lo que somos y tenemos? Todo eso viene de Dios. Pero a veces se nos olvida y sacrificamos la relación con Dios, por servir a nuestras fincas, nuestras empresas, nuestros negocios, nuestras casas, nuestros carros, nuestras inversiones. La paz viene de Dios, la paz es un regalo de Dios. Por eso Jesús dijo mi paz o dejo, mi paz os doy no como el mundo la  da. El único personaje que puede vivir en paz es aquel que está en paz con Dios. Cuando usted está en paz con Dios usted disfruta la paz de Dios. Cuando tenemos la salud que viene de Dios, nosotros tenemos que estar muy agradecidos y muy contentos, porque eso viene del Señor, por eso dice “Amados, dice 3 Juan 2, yo deseo que seas prosperado en todas las cosas y que tengas  salud”. De Dios es nuestra salud, Dios no quiere que usted esté enfermo, la enfermedad no viene de Dios, es la salud que viene de Dios. Bienestar. Todos queremos estar bien, es justo y es necesario, es además deseo de Dios que estemos bien, pero una percepción falsa del bienestar es un precio probable de la mala administración. Porque a veces pensamos que para estar bien necesitamos no solamente tener para comer hoy, vestir hoy, dormir hoy sino que necesitamos tener un millón de dólares en el banco o cinco millones, o diez millones. ¿Cuántos millones necesitamos para disfrutar de bienestar?  Ahí es donde está la percepción equivocada de bienestar. Y por eso encontramos a veces algunos que dicen: Pobrecito mi patrón, piensa que el pobre soy yo. Acumule riquezas en el cielo. Lo único que vamos a sacar de la tierra para el cielo es a las personas que están en la tierra. Esas personas son nuestros hijos, son nuestros amigos, son nuestros familiares. A estas personas debe hablarles de Cristo, invertir para que conozcan de Cristo, invitarlos a una reunión para que oigan de Cristo, hacer todo lo que está de nuestra parte, porque cuando nos vayamos de esta tierra no vamos a llevarnos nada. No nos vamos a llevar los millones, pero vamos a llevar lo que hemos invertido en la obra de Dios, en el reino de Dios, Esto va a hacer que las personas lleguen a la presencia del Señor y seremos ricos delante de Él. Concluyo diciéndole: valore más lo eternal que lo temporal, la administración es un paso importante en el camino que conduce a las riquezas de Dios. El diezmo y la percepción adecuada de la administración no le comprarán necesariamente riquezas en este mundo, pero si le darán una vida en las riquezas de las bendiciones de Dios. Acumular todo, no es sabio. Por lo menos la décima parte de lo que usted tiene debe estar devolviéndole al Señor. Lo mínimo que el Señor nos pide, quien es el dueño de todo, es la décima parte. Y cuando nosotros damos al Señor nuestros diezmos, estamos acumulando tesoro para nosotros en el cielo y tendremos en esta vida, una vida en las riquezas de las bendiciones de Dios. Seamos ricos para con Dios.
Escuche

La fe viene por el oir…