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Lea

La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Hoy quiero referirme a una característica importante de una iglesia grande, una iglesia grande es una iglesia motivada. Si algo necesitamos nosotros  es estar motivados para servir al Señor. La mayoría de personas a menudo resultamos siendo escapistas, queremos huir de la realidad que vivimos. A veces estamos tan endeudados que quisiéramos que Cristo viniera ya, para irnos y no pagar las deudas. A veces estamos tan enredados en problemas matrimoniales y extra matrimoniales que quisiéramos que Cristo viniera ya, para no tener que resolver el asunto. Otras veces tenemos tales compromisos que tendemos a escapar y la iglesia cada vez que ha oído de la segunda venida de Cristo, lo ve como un escape maravilloso a este problema que hay en el mundo de inundaciones, de Tsunamis, de terremotos, de pestes, de violencia y de maldad.

Sin embargo, Cristo todavía no viene. Estamos viviendo principios de dolores, viendo algunas señales, pero les puedo asegurar que Cristo todavía no viene. Todavía hay cosas que tienen que ocurrir antes que Él venga. El libro de Apocalipsis da una visión profética de la Iglesia en el cielo. Será transportada y reunida allá cuando Jesús venga por su pueblo. Allá los creyentes alabarán a Jesucristo por su victoria. Pero ¿qué haremos nosotros mientras esto sucede? He predicado al respecto muchas veces esto, que debemos vivir como si Cristo viniera hoy y trabajar como si fuera a venir dentro de mil años. Tenemos que estar preparados para que el Señor nos encuentre trabajando cuando venga a esta tierra.

En Mateo 24:14 Jesús dijo: Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin. No vendrá el fin sin que antes se predique este  evangelio del reino a todas las naciones. Mateo 24 es un capítulo en el cual Jesucristo describe las señales de su venida y habla de muchas cosas muy interesantes. El fin no se dará a menos que nosotros prediquemos este evangelio del reino a todas las naciones. Cuando Jesús fue ascendido al cielo, de las ultimas palabras que pronunció son las que el doctor Lucas apuntó en Hechos 1: 6-8 Señor, ¿es ahora cuando vas a restablecer el reino a Israel? -No les toca a ustedes conocer la hora ni el momento determinados por la autoridad misma del Padre – les contestó Jesús-. Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.

Dar testimonio de que Jesús es real, que ha obrado en nuestras vida, de que nos ha salvado, sanado, transformado, bendecido, prosperado. Eso es el testimonio que tenemos que dar, si Dios ha hecho algo por nosotros tenemos que compartirlo a los demás. Por eso Jesucristo nos advierte qué hacer en tanto Él  vuelva, nos mostró en una parábola lo que espera  de cada uno de nosotros como iglesia, lo que debemos hacer en lo que Cristo viene. Lo invito a leer Lucas 19:11-27. En esta parábola Jesús nos enseña los que debemos hacer mientras él vuelve y en esta parábola nos da por lo menos tres motivaciones que deben empujarnos a servir a Dios nuestro Señor.

Jesucristo, entonces, nos dice qué hacer mientras Él vuelve. Jesucristo nos dice hagan negocio con este dinero hasta que yo vuelva. Nos ordena negociar con la riqueza que Él deposita en nuestras manos. Nos da instrucciones para que administremos sus negocios hasta que el venga. La primera motivación que debe tener la iglesia es la oportunidad. Cristo vino y nos dio la oportunidad de predicar a todos. A unos les dio diez veces más que a otros, a otros  cinco, así que por lo menos le dio una oportunidad. A todos nos ha dado el Señor una oportunidad. A la par de la oportunidad tiene que ir la responsabilidad. No es sólo de recibir la oportunidad. El Señor nos está dando la oportunidad de invertir un dinero y usarlo para los propósitos en su negocio para ganar más riqueza. Ellos estaban administrando el negocio del Señor llevando a cabo la oportunidad de invertir. En la parábola el hombre de la nobleza representa a Jesús. Los siervos representan a los creyentes y las minas como dice la versión RV60 o el dinero como dice la NVI representa las riquezas espirituales que tenemos en Cristo. Representa a Cristo mismo, la perla de gran precio como se le llama en otra parábola, Cristo mismo es la más grande riqueza que tenemos nosotros y que Él nos la ha puesto en las manos para que la administremos, la invirtamos.

El tercer aspecto que nos debe motivar es la rendición de cuentas. Aquel que puso en sus manos los 50 mil dólares vendrá a decirle ¿qué hiciste con lo que te di? Bueno que yo compré, vendí. Bueno aquí hay otros 50 mil. Qué gusto. Pues yo compré, vendí y  aquí tengo algo. El otro vendrá y dirá tuve miedo y no lo usé, aquí está. No  le va a decir muchas gracias por guardármelo, por devolvérmelo, le va a decir siervo malo. De nada sirvió que lo tuvieras. Así somos nosotros en nuestra vida cristiana, algunos hacen uso completo de su vida y lo que Dios les ha dado lo multiplican.  ¡Ah mis hermanos amados! Hay quienes dan fruto al 30, hay quienes al  60 y otros al ciento por uno. Usted no sabe los que puede pasar con esa persona a la que usted le está hablando de Cristo. ¿A quien le está compartiendo usted? Un día el Señor nos va a pedir cuentas y nos preguntará ¿Qué hiciste con todo lo que te di? Algunos hacen uso completo y lo multiplican muchas veces, algunos hace un uso parcial de lo que reciben de Dios y se multiplican menos, algunos no hacen  uso de sus vidas y no pasa nada positivo y pasan  por esta vida como puros vegetales sin hacer nada.

Ellos esconden su luz a los demás. Mateo 5:15-16 dice: Ni se enciende una lámpara para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa.  Las luces se ponen en lo alto para que todos sean iluminados y todo se alumbre. Aquí hay luz para iluminar a toda Guatemala. No escondamos nuestra luz, que el mundo sepa que Jesús mora  en nuestros corazones, y que no nos avergonzamos de Cristo, estamos orgullosos, satisfechos, contentos con nuestro Señor Jesucristo.

El Señor nos pedirá cuentas, hagamos brillar nuestra luz. Necesitamos recordar que habrá un tiempo de rendir cuentas para nosotros como cristianos cuando Jesucristo nos juzgue cómo negociamos con nosotros mismos. 2 Corintios 5:10 Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que le corresponda, según lo bueno o malo que haya hecho mientras vivió en el cuerpo. 1 Corintios 3:13 Su obra se mostrará tal cual es, pues el día del juicio la dejará al descubierto. El fuego la dará a conocer, y pondrá a prueba la calidad del trabajo de cada uno. Lo identifica como juicio al trabajo, negocio, a nuestro servicio, a nuestro testimonio y a cómo hemos vivido nuestra vida cristiana. En Romanos 14:10-12 Tú, entonces ¿por qué lo menosprecias? ¡Todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios! Está escrito “tan cierto como que yo vivo –dice el Señor-, ante mí se doblará toda rodilla y toda lengua confesará a Dios”. Así que cada uno de nosotros tendrá que dar cuentas de sí a Dios. Esta es una poderosa motivación, un día  Dios me va a pedir cuentas y qué estoy haciendo con lo que me ha dado. ¿Qué estoy haciendo con lo que me ha dado?  En un solo suspiro viene un alud y mata a cien. ¿Les hablamos a ellos de Cristo? En un solo momento secuestran a alguien y lo matan, en un solo instante hay un accidente automovilístico y se muere,  en un solo momento hay un síncope y la persona queda en estado de coma. ¿Nosotros que hicimos? ¿Le hablamos antes? Tenemos la gran responsabilidad de usar lo que Dios nos ha dado. Y esto nos lleva a la última motivación de la cual les quiero hablar. No sólo  tenemos la gran oportunidad, no sólo tenemos que estar comprometidos y consagrados al Señor.  Jesucristo dice el que no es conmigo contra mi es. Jesucristo dice, el que no recoge conmigo desparrama, Jesucristo dice: No te quiero frío, no te quiero tibio, te quiero caliente, pero por cuanto no eres ni frío ni caliente te vomitaré  de mi boca.

Escuche

La fe viene por el oir…