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Lea

La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

En Inglaterra existe un título nobiliario que se conoce como “Señor”, en inglés se dice “Lord”, y no todos en Inglaterra son “Lores”. Lord es un título nobiliario. En la Biblia encontramos que “Señor” es un título que se le da únicamente a Dios. Los judíos, los hebreos, cada vez que se refieren a Dios se refieren como Adonai, “El Señor”. De modo que en la época de Jesús no todos eran “señores”, sin embargo, a Jesús sus discípulos, los cristianos le comenzaron a llamar Señor. Y todos hoy en día reconocemos a Jesús como Señor.

Por eso resulta relevante la conversación que Jesús tuvo con sus discípulos. En el Evangelio, según Lucas 6:46, Jesucristo hace una pregunta, una pregunta que más parece un queja, un reclamo a sus seguidores, y es una pregunta que hoy en el siglo XXI Jesús pareciera que la formula para nosotros. ¿Por qué me llaman ustedes “Señor, Señor”, y no hacen lo que les digo? Voy a decirles a quien se parece todo el que viene a mí, y oye mis palabras y las pone en práctica: Se parece a un hombre que, al construir una casa, cavó bien hondo y puso el cimiento sobre la roca. De manera que cuando vino una inundación, el torrente azotó aquella casa, pero no pudo ni siquiera hacerla tambalear porque estaba bien construida. Pero el que oye mis palabras y no las pone en práctica se parece a un hombre que construyó una casa sobre tierra y sin cimientos. Tan pronto como la azotó el torrente, la casa se derrumbó, y el desastre fue terrible.

Lo que Jesús está enseñándonos aquí es algo muy importante. Nos está diciendo que toda vida será puesta a prueba, esté bien o mal construida. Toda persona será sometida a pruebas. Usted, su hijo, su padre, su amigo, yo. Todos los cristianos vamos a enfrentar un día, algunos ya lo hemos enfrentado y otros lo estamos enfrentado, corrientes contrarias que van  a golpear nuestra vida, y vamos a tambalear y vamos a derrumbarnos. Sí, porque hemos oído la Palabra de Dios, pero no la hemos puesto en práctica. En cambio, aquel que la oye y la pone en práctica va a soportar las tormentas de la vida. Va a permanecer, va a perseverar y no se va a derrumbar. No va a caer necesariamente en una terrible depresión, en un abandono, en un surmenage. Sin embargo, aún cuando cayera no tambaleará, porque ha puesto en práctica las palabras de nuestro Señor.

La Biblia nos enseña que la obediencia es el resultado de una relación íntima y personal con nuestro Señor Jesucristo. Él, en Juan 14:15, la última noche que estuvo con ellos se refirió ampliamente de las intimidades que les habló al principio, tres años y medio atrás. Ahora se las recapitula. Y les dice a sus discípulos: “Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos”. ¿Cómo puedo saber que yo amo a Jesús? Por medio de la obediencia a sus mandamientos. Más tarde, esa misma noche, en Juan 15:14, Jesucristo le dijo a sus discípulos: “Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando”. La amistad de nuestro Señor hacia nosotros está condicionada a nuestra obediencia personal a sus mandamientos. Si no le obedecemos, entonces no le amamos. Si no lo obedecemos, entonces no somos sus amigos. ¿Cuántas personas podemos reconocer como sincera, auténtica y genuinamente amigos? Alguien  dijo que los buenos libros y los amigos son pocos.

Uno de los amigos cercanos a Jesús fue precisamente Juan, el que nos está relatando estas lecciones que dio a sus discípulos. Es reconocido como el discípulo amado. Amado por Jesús, ¿no quisiéramos ser un discípulo amado por Jesús? ¿No quisiéramos tener la oportunidad de reclinarnos en el pecho de Jesús? ¿De sentir los brazos de Jesús, las caricias de Jesús, el amor de Jesús? ¿Por qué Juan escribió el Evangelio y escribió tres cartas? Porque tenía mucho que contarnos de lo que oía  hablar a Jesús, ahí reclinado en el pecho del maestro. Usted no oye lo mismo en la silla número treinta de la mesa, pero cuando usted reclinado en el pecho del maestro usted puede escuchar hasta el latido de su corazón.
¿Quiere usted la amistad de Jesús? ¿Quiere usted la intimidad con Jesús? Haga lo que Él dice que haga. Guarde sus mandamientos, sus instrucciones. La Palabra del Señor es clara. Nos ordena a obedecerle en muchos aspectos, por eso  dice en 1ª. Juan 2: 3-5 “¿Cómo sabemos si hemos llegado a conocer a Dios? Si obedecemos sus mandamientos”. Si usted conoce a Dios, usted es una persona que obedece sus mandamientos. Si obedecemos sus mandamientos es porque hemos conocido a Dios. “El que afirma: lo conozco, pero no obedece sus mandamientos, es un mentiroso y no tiene la verdad”. Ese calificativo puede aplicarse a una gran parte de la cristiandad hoy en día.  Decimos que conocemos a Dios, pero no obedecemos sus mandamientos. “En cambio, el amor de Dios se manifiesta plenamente en la vida del que obedece su palabra. De este modo sabemos que estamos unidos a él”.

La obediencia es lo que el Señor espera. La clave para soportar las tormentas de la vida está en practicar la palabra que oímos, así construimos vidas a prueba de tormentas. ¿Por qué me llaman Señor, Señor y no hacen lo que les digo? ¡Ah qué frustración se siente en estas palabras del Maestro! ¡Que descontento! ¿Por qué me llaman Señor, Señor y no hacen lo que les digo? Es importante que obedezcan mis mandamientos dice el Señor, es importante que hagan mi perfecta voluntad. Por eso la oración que Jesús nos enseñó dice: “hágase tú voluntad en la tierra, como en el cielo”. Escuchar lo que el Señor dice no es suficiente, tenemos que ponerlo en práctica.

¿Qué les dijo Jesús a sus discípulos? En Lucas 6:27 en adelante, Jesucristo mencionó algunas de las cosas que les dijo y el médico amado tomó también esta síntesis que nos transcribe: “Pero a ustedes que me escuchan les digo: Amen a sus enemigos hagan bien a quienes los odian, bendigan a quienes los maldicen, oren por quienes los maltratan. Si alguien te pega en una mejilla, vuélvele también la otra. ¿Ha puesto usted en práctica esas palabras de Jesús? ¿Ama usted a sus enemigos?

No se trata de oír  solamente, se trata de poner en práctica continuamente. Santiago, otro de los discípulos del Señor nos escribe en su carta 1:22 y refuerza esta enseñanza cuando dice: No se contenten sólo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica. El éxito de la vida cristiana no está en lo que se predica, está en lo que se practica. Por ejemplo, la Biblia dice en Efesios 5 “Maridos amen a sus esposas como ustedes mismos”.

Una cosa es oír lo que se predica y otra es practicar lo que se escucha. Cuantas veces hemos hablado sobre lo que Jesús nos dijo: “Den y se les dará”.  No es lo que se predica lo que cuenta, es lo que se practica lo que importa. Y  eso es lo que nos dice Santiago claramente en su carta 1:22 No se contenten sólo con escuchar la Palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica. El que escucha la Palabra  y no la pone en práctica, es como el que se mira el rostro en un espejo y después de mirarse se  va y se le olvida enseguida de cómo es. ¿Para que son los espejos? ¡Para vernos como somos! El espejo nos revela lo que somos y como estamos, nos está diciendo corrige, cambia, mejora. Eso hace la Biblia, cuando nosotros la leemos oímos la Palabra del Señor, nos ponemos frente a un espejo (en la antigüedad eran de metal, pulido y no tan nítidos como los que tenemos hoy, pero eran los espejos que mostraban la realidad). Usted se pone frente a Dios, usted se da cuenta que Dios es santo y que la majestad de Dios es indescriptible. De pronto usted se ve en ese espejo. ¿Qué ve de usted mismo? Pecado, corrupción.

Escuche

La fe viene por el oir…