Lunes 22 de Mayo de 2017

Infancia y Juventud

Estudió pre-primaria en la Escuela República de Haití.

De primero a cuarto primaria en el Colegio Evangélico Emmanuel.

De quinto a sexto en la Escuela República de Brasil, donde fue el abanderado en sexto primaria de toda la Escuela. En dicho establecimiento, adquirió el hábito del ahorro, ya que cierto día, un banco les visitó y les entregó unas tarjetas que tenían una capacidad para guardar un quetzal en monedas de a cinco en las ranuras que traían. La promoción del banco era la siguiente: “De quetzal en quetzal se hace un capital”; es así, como al juntar un quetzal abrió una cuenta en el Crédito Hipotecario Nacional, donde llegó a tener Q.15.00.

Básicos en la Escuela Normal para varones, donde se destacó en la clase de inglés. Idioma que le sirvió para dar clases en el Instituto Bíblico.

A los doce años de edad se graduó de mecanógrafo profesional, lo cual era muy significativo en aquella época.

En la Iglesia El Calvario Central hubo un avivamiento en 1963, en donde todos los jóvenes fueron bautizados por el Espíritu Santo, lo que motivó tener reuniones todas las noches durante mucho tiempo. La Iglesia fundó un instituto bíblico llamado “Centro de Entrenamiento Bíblico El Calvario”, en donde a los quince años de edad (agosto de 1965), se inscribe en el mismo y estudia como interno; y en 1969, después de cuatro años de estudios, se gradúa.

Era tal el deseo de servir a Dios y creyendo que la educación era importante, dos años más tarde aún estudiando en el instituto bíblico, se inscribió en el Instituto Evangélico América Latina, donde estudió por correspondencia y se graduó como Bachiller en Ciencias y Letras en 1970. Haciendo banderines para el Instituto en donde estudiaba, fue la manera como pudo pagar sus estudios.

Algo que marcó su vida ocurrió en “Marzo de 1963″, fue la muerte de su abuela Choma (Gerónima Viuda de López), quien era una analfabeta. No obstante, era una gran predicadora y conocía mucho de la Biblia, fue ella quien en ocasiones le llevaba consigo cuando le tocaba predicar, para que leyera las sagradas escrituras, convirtiéndose él en sus ojos y en su boca al leer la Palabra de Dios. En las mañanas, la abuela Choma se valía de sus nietos para que le leyeran un capítulo de la Biblia a cambio de un centavo, incentivo que lo motivó, a que él fuera uno de los visitantes. El día de su muerte, enferma en su cama y a los 92 años, después de la media noche, envió a que despertarán a su nieto, le hizo llegar hasta la orilla de su cama y le pidió que se arrodillara; poniendo sus manos sobre él, oró pidiendo a Dios que le hiciera su siervo, mientras ella oraba su corazón se compungía y lágrimas brotaban de sus ojos al escuchar palabras conmovedoras que retaron su vida. Esa misma madrugada, la abuela Choma pasó a la presencia de Dios dejando una marca y un recuerdo en su nieto, que ni el tiempo ni la distancia han podido borrar.

En 1965, a sus 15 años realizó sus primeras predicaciones al aire libre y en Iglesias del interior de Guatemala. El mismo año, formó el trío musical “Los Hijos del Reino” con cánticos de la nueva generación. Dos años más tarde, grabó su LP, el que vendió de casa en casa; su música fue censurada en las dos radios más importantes de aquella época, debido a que fue el primer trío en utilizar guitarras eléctricas que eran consideradas como algo mundano. Con este trío viajó desde Canadá a Colombia cantando en distintas congregaciones.

Desde muy pequeños escuchamos y cantamos junto al disco de mi papá. Todos hoy en día somos músicos Jorge mi hermano mayor toca la guitarra, César mi hermano menor la batería y ambos son integrantes del grupo Parousía, grupo evangelístico que cuenta ya con una grabación a nivel internacional titulada “Historias de Amor” y que es ampliamente conocido en toda Latinoamérica. Yo, toco el piano y dirijo la alabanza en la congregación; no cabe duda, que el ejemplo es el mejor maestro.

En 1971, siendo novio de su actual esposa, pastoreó una congregación de la Iglesia el Calvario en el Progreso, Guastatoya. Fue allí donde fundó el Boletín mensual El Progreso, que enviaba a sus amigos para informarles de su trabajo; antes de regresar a Guatemala para casarse, logró juntar suficiente dinero y compró un terreno propio para dicha congregación.

Ya casado, cierto día se cayó la pared de adobe de canto del cuarto de su papá, sobre su cama; fue y buscó a un albañil que él mismo había evangelizado y construyó 3 cuartos para dormitorio, sala comedor, cocina y 2 baños. Ya terminada la casa, no tenía dinero para la taza del baño, fue a una ferretería y preguntó cuánto costaba; como no tenía dinero, ofreció darles una chumpa de cuero que tenía, a cambio de la taza y así fue como terminó con los acabados.

Hoy en día se le presenta como el Dr. Jorge H. López. La historia de la inicial H. se remonta a sus tiempos de colegio; ya que en su clase había varios alumnos con el mismo nombre y apellido, por lo que únicamente utilizaron la inicial H. de su segundo nombre para distinguirle y desde entonces se le conoce y presenta como Jorge H. López.